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miércoles, 24 de agosto de 2011

Cantándole a mis huesos...

Podría decirse que ella ha caminado bastante en el dolor,
también podría decirse que hace mucho que no siente...
o que simplemente vive por vivir en un ahora que enlentece el tiempo del alma...


Pero solo se protege, del viento frío y amenazador de los inviernos del norte, esos que la despellejan en vida...


Se esconde, entonces se esconde... y va guardando solo lo necesario para la subsistencia...


Enclaustrada en su propio castillo de arena para no sentir el propio desprecio que se imagina, como vivió en otros tiempos.


Si, con un poco de miedo, con un poco de dolor, ahhh aun el dolor aparece de vez en cuando, con remembranzas que nada tienen que ver con el presente.


Ya casi sale del escondite, se abriga, y se esconde en su abrigo de invierno, una coraza para no sentirse herida de nuevo...


Pero que cosa... debajo se encuentra desnuda, su alma grita la soledad... si, estos días del otoño, me ponen triste como dice la canción de Perales, y al calor del fuego de mi hoguera, te recuerdo hoy, extraño, si es a ti que te extraño, aún sin tenerte, ya te extraño...


Te veo de reojo para que no me descubras, y bajo la cabeza... asintiendo a lo que siento y que no puedo evitar... un sueño...

lunes, 8 de noviembre de 2010

Encontrar nuestra Manada....

Encontrar una manada, es encontrar donde pertenecemos, lo que nos vincula, es de donde nacimos, el origen, de donde venimos, de las dos familias que conforman nuestras raices del árbol familiar.

Luego al salir de nuestro sistema de origen para ir a la vida, implica hacer nuestro sistema nuclear, el precio es renunciar al sistema de origen un poco, para unir dos sistemas e integrarse.

Así nos conformamos con los dos apellidos o con uno, dependiendo de la dinámica familiar.

y es definitivo, no podemos renunciar a nuestros apellidos aunque no los podamos escribir, aunque nos cambiemos el nombre, siempre nos perseguirá la sombra de las familias de origen nos guste o no nos guste nuestro destino. Es implacable.

Al casarnos, en los hijos entonces se mezclan nuevamente dos familias y asi sucesivamente formando nuevos núcleos. Sin más opción que asentir al destino que la misma vida nos da.

Los indígenas, le entregan individualmente a cada niño/a que nace, un Totem, que viene siendo como el apellido, generalmente una imágen de un animal. Ejemplo de ésto es la película Tierra de Osos.

Y es entonces que pertenecemos y tenemos un lugar en la manada. Una manada que a veces no nos gusta, pero que tiene toda la fuerza ancestral para la vida, a veces nos quieren, a veces no, a veces nos apoyan, a veces nos critican, a veces nos excluyen, no nos quieren de una forma, en fin, pero nunca dudemos que solo venimos a la vida producto del placer.

Encontrar la pertenencia es una de las leyes que nos mueven, especialmente en nuestra familia, luego en el trabajo, con los amigos, en fin, los grupos sociales en los que luego nos insertamos en la vida.

En un ejercicio del Trainer en PNL, encontramos nuestro Totem, el mio era una Jirafa, mientras otros eran pumas, osos, tigres, águilas, aves fenix, pandas...no podía entender cómo a mi me había tocado una Jirafa.

Y más me valía entenderla porque cuando en la visualización le decía que no, que ella no era mi totem, ella se resistía y con sus ojos hermosos me miraba con la paciencia que caracteriza a las Jirafas para repetirme que un día entendería el porqué pertenezco a dicha manada.

Así, investigué sobre ellas, y la verdad es que tienen mucho en común conmigo o viceversa: son tranquilas, es el único animal salvaje que no es predador, se alimenta de hojas, es vegetariano, pueden ver el bosque desde lejos, aunque les cuestan los detalles, y a sus crias las cuidan de lejos, ya al nacer las obligan a pararse y caminar. Tiene una gran distancia entre el corazón y la cabeza, (cosa que me costó mucho conciliar), y se desplazan con facilidad en terreno seco y duro, un sentido del oido muy desarrollado, y prefiere los rebaños pequeños.

Es muy pacifica, pero cuando se siente agredida, es muy agresiva. Rivaliza usando su cuello, no migran tan fácilmente, y alcanza gran velocidad al correr a pesar que sus patas se mueven en paralelo. El único enemigo: el León!!!.

En fin una Manada que al final buscamos, la encontramos entre los amigos que tienen los mismos gustos, en los trabajos, en gente parecida, entre los que nos identificamos, aunque cuando nos enamoramos pues mezclamos dos Manadas para conformar una nueva....

En Mujeres que corren con los lobos, libro al que he hecho referencia anteriormente y que no deja de maravillarme, se refieren al cuento del patito feo, en el que aunque fue criado por unos patos, terminó perteneciendo a la manada de los cisnes, pero tuvo que pasar por infinidad de traumas etc., para poder darse cuenta que un día, estaba convertido en un bello cisne.

Y bien, seamos Jirafas o cisnes, o leones o águilas... lo importante es saber que pertenecemos a una familia, y que luego pertenecemos a grupos sociales en los que tenemos un comportamiento, cuya forma se adapta en la medida que complacemos a otros, o solo por querer pertenecer o nos convertimos en sumisos y perfectos que reflejaremos los valores que se nos exigen... pero... un día probablemente no encajamos, o no nos encajan...

Un día nos topamos con nuestro verdadero totem, y a veces nos toca retirarnos de esos grupos sociales para seguir en la búsqueda de nuestra manada... la que luego nos sostiene con vida... la que luego nos acompaña... la que tiene nuestros valores... a los que somos fieles...

Solo usa el instinto, deja que tu naturaleza salvaje se manifieste, es quizás un anciano sabio en tu interior que emerge de las profundidades de tu psique, que sabe, y que pertenece!!!

martes, 26 de octubre de 2010

Excusas que eliges para justificarte...

Cuando comiences a buscar excusas, formando ideas sobre lo que el otro hace o deja de hacer para ti, con el objeto de justificar una decisión, es hora de lanzarte al vacío y descubrir los huesos de la mujer esqueleto, simplemente te estás enfrentando en ese momento a tu propia muerte, porque estar en la Presencia del otro es vivir-morir-vivir… es quedarte con la valentía del héroe y registrar en lo más profundo de tu Alma un proceso, un nuevo camino, sin juicios que luego se convierten en obstáculos para el amor en las relaciones, entonces es hora de mirar las lágrimas que dejaste a tu paso, para seguir adelante porque ya no hay vuelta atrás, el esqueleto te perseguirá por siempre y de diversas formas, hasta que confrontes definitivamente tus propios huesos, secos porque no te diste cuenta que esas lágrimas podían alimentar tu carne, y que con desprecio y sin dignidad lanzaste al abismo para ni mirar lo que realmente es…



“La verdad es que la gente nunca está “completamente preparada” y nunca hay un “momento adecuado”. Tal como ocurre con todos los descensos al inconsciente, llega un momento en que uno se limita a confiar en la suerte, se tapa la nariz y se lanza al abismo. Si no fuera así, no habría sido necesario crear las palabras heroína, héroe o valentía.” Clarisa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos.

Y este tema viene al caso, por la irresponsabilidad con que nos tomamos nuestras propias decisiones o acciones de vida, escuchando a Eckhart Tolle, parafraseo su “asegurate que estás respirando” como un modo de entrar en ti y tomarte el tiempo suficiente para procesar un movimiento en tu vida, toma tiempo, si, toma tiempo, y ese tiempo te aseguro que vale cada minuto, porque reconstruirse exige de nosotros llenar de nuevo de carne los huesos secos, mojados en lágrimas del amor que ahora sientes por ti mismo.

Sobre todo porque ahora sabes que las excusas que se inventaron y que te inventaste para huir del esqueleto no son válidas…


Los pasos se inician con saber que algo se muere en tu interior, y hay que ir despidiendo poco a poco lo que ya no sirve en tu vida, o relación, hasta que llegues al vacío del abismo, donde la nada aterra, donde el miedo se hace presente, donde la guadaña sesga la maleza, reconociendo tus pasos y deshaciéndolos para ir por un camino nuevo, seco, árido, quizás con piedras y obstáculos que has de quitar, pero diferente…y luego con tus lágrimas que caen sobre esa tierra seca, comienzas a llenar de nueva carne esos huesos, y con tus lágrimas sacias la sed del amor por ti mismo, hasta que un día te das cuenta que comienzas a cantar una canción nueva, quizás solitaria al principio, en ese desierto del Alma que emerge de la profundidad de tu psique, tu nuevo nombre emerge como las florecitas del camino: nadie las riega, nadie las siembra, nadie las cuida, pero nadie duda que cuando una lluviecita cae, ellas florecen…

(Inspirada en el capítulo 5 de Mujeres que corren con los lobos)

jueves, 15 de abril de 2010

Aullando como la mujer salvaje de Clarissa Pinkola Estés


Aullar en el libro de Clarissa Pinkola Estés, es en solitario, de hecho los lobos lo hacen así sobre todo en luna llena, es un canto a la Luna sobre la cima de una montaña o cuesta arriba. En las tradiciones como bien dice ella (colectado en el libro Mujeres que corren con los lobos), también es llamada la huesera, la trapera, la loba, y en otras culturas, la bruja, la maga, la sacerdotisa, pero todas ellas se centran en el momento en que la mujer se aísla para sentir las lágrimas y cantar su canción de soledad.

Como mujeres, pasamos por ese estadio tal vez con más frecuencia de lo que nos gusta, algunas nos anestesiamos para no pasar por ahí, hasta que un día te alcanza y no te queda otro remedio que aullar, recoger tus huesos, juntarlos, lamerlos, y entregarlos a la luna llena, en un canto que emerge desde lo profundo de la psique femenina, que en algunas culturas son mantrams, que en el fondo llaman al Alma, tu alma, tu nombre, para recuperar tu carne, y llenar de alegrías tus huesos, para reconstruirte.

Algunas cuando decidimos pasar por ahí, implica actuar la decisión tomada desde hace siglos cuando comenzaste a recibir migajas a cambio de toda una entrega, lamiendo el piso, llevando la comida de tu boca para que otro se alimente y colocando la espalda para que otro te use de trampolín y ascender sus peldaños, olvidando que una vez fuiste un soporte de tus propios sueños.

Mucha gente piensa y algunos tienen el valor de decirme y calificar mis opiniones como intensas, por generalizar un término que pueda usar en un espacio público, pero es que aún no se dan cuenta que disfrazamos de sonrisa la rabia, la tristeza, el miedo y todas esas emociones que cuando explotan, emergen de ese volcán en forma de enfermedad, sufrimiento y muerte.

Realmente necesitamos aullar en soledad, y en el silencio de la noche, con toda la fuerza, despertar del letargo en el que estamos sumergidas, para que el desierto escuche nuestra voz del Alma pura y sencilla que emerge de las profundidades, para comunicarse directamente con el desierto que transitamos de vez en cuando… y reconocerlo como nuestro hogar, porque la función de dar vida al hombre y a la mujer emerge de nuestro propio vientre, un lugar oscuro donde se gesta la nueva vida y entonces entendemos el concepto de María Inmaculada, preñada del Espíritu Santo que guía nuestros pasos y da a luz el hijo.

“Llega allí a través de la meditación profunda, la danza, la escritura, la pintura, la oración, el canto, el estudio, la imaginación activa o cualquier otra actividad que exija una intensa alteración de la conciencia. Una mujer llega a este mundo entre los mundos a través del anhelo y la búsqueda de algo que entrevé por el rabillo del ojo. Llega por medio de actos profundamente creativos, a través de la soledad deliberada y del cultivo de cualquiera de las artes. Y, a pesar de todas estas actividades tan bien practicadas, buena parte de lo que ocurre en este mundo inefable sigue envuelta en el misterio, pues rompe todas las leyes físicas y racionales que conocemos.”
(Del Capítulo 1, El Aullido, de Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés”


Entrar en un proceso de sanación interior, exige de nosotros entrega a ese desierto, un camino quizás como el de “los 40 días en el desierto” que cuenta la biblia, guiados esta vez con el Báculo de nuestra conciencia.

La mujer integra dentro de si misma una dualidad, la creadora y la destructora de la vida, una dualidad que nos atormenta y no queremos expresar.

“Los huesos pesan lo bastante como para que se pueda hacer daño con ellos, son lo bastante afilados como para cortar la carne y, cuando son viejos y se los pellizca, tintinean como el cristal. Los huesos de los vivos están vivos, son capaces de crear por sí mismos y se renuevan constantemente. Un hueso vivo tiene una “piel” curiosamente suave y, al parecer, tiene cierta capacidad de regenerarse. E, incluso cuando es un hueso seco, se convierte en el hogar de minúsculas criaturas. Los huesos de lobo de esta historia representan el aspecto indestructible del Yo salvaje, la naturaleza instintiva, la criatura entregada a la libertad y lo intacto, es decir, aquello que jamás podrá aceptar los rigores y las exigencias de una cultura muerta o excesivamente civilizadora.” (Op. Cit)

El regreso a nuestros instintos se hace una necesidad entonces, permitirnos sentir en plenitud lo que somos, y entonces en el desierto preguntarnos
“¿Qué ha ocurrido con la voz de mi alma?
¿Cuáles son los huesos enterrados de mi vida?
¿Cuál es mi relación con el Yo instintivo?
¿Cuándo fue la última vez que corrí libremente?
¿Cómo conseguiré que la vida vuelva a cobrar vida?
¿Adónde se fue La Loba?”

El Optimismo Parte 1: Agnes Haddock, Catherine Douglas, Gustavo Alberto Sanchez, Martin Seligman y Yo

 "El Optimista ve la oportunidad en toda calamidad, mientras que el pesimista ve la calamidad en toda oportunidad".               ...