miércoles, 18 de abril de 2012

Los órdenes del amor en el Trabajo, dinero y éxito

‎"El siguiente paso en vivir una vida abundante es la de aceptar toda la responsabilidad por las condiciones actuales y futuras de nuestra riqueza. Mientras seguimos esperando que otra persona actúe en nombre de nuestra riqueza, nunca lo lograremos. Debemos comprometernos con responsabilidad en materia financiera para lograr la abundancia."
Garret Gunderson

Los órdenes del amor en el Trabajo, dinero y éxito

Ayuda a la vida, Enero 2011 

El dinero

El dinero es fuerza. Produce algo. De él surge algo, por ejemplo una prestación que será retribuida. Cuanta más alta la prestación, más potente el dinero resultante, que se corresponde con ella. 

Sin embargo, si el dinero es menos que la prestación que retribuye, conservará su valor pero tendrá poca fuerza. Si es más que la prestación producida por él, igualmente pierde su fuerza. Con eso, quiere indicar que desea marcharse. El dinero no quiere ni puede quedarse.

Lo mismo es válido cuando atesoramos el dinero en lugar de producir algo o de financiar una prestación con ello. Del dinero desvinculado de cualquier rendimiento que pudiera servir nuestra vida o la de otros, se quedan las cifras sin valor real. 

Recuperan su valía cuando vuelven a producir más que sólo cifras, a producir una prestación que a su propietario le exige un esfuerzo personal, y cuando no es sustraído a otros sino que es gastado y ofrecido con la meta de alcanzar algo que sirva al grupo. Eso generalmente, y  vale aquí también, a cambio de alguna compensación. 

El dinero prestado, que remplaza un esfuerzo, se echa a perder. Se pierde, sin fuerzas.

El dinero circula en un circuito de prestación y remuneración, de nuevas prestaciones y nuevas remuneraciones. En este circuito, ambas crecen, la prestación y la remuneración.

A la inversa, sin prestación y su remuneración correspondiente, o cuando el dinero es prestado o regalado, sin corresponderse con una prestación de valor equivalente, se desarrolla un circuito semejante, sin embargo en este caso, de pérdida en pérdida, hasta que el excedente desaparezca. Del cielo, regresa a la tierra.

Aquel que desprecia el dinero, éste lo mantiene alejado. Sin el dinero, se vuelve débil y permanece pobre. 

A aquel que es frugal y con poco se las arregla, el dinero se le vuelca, y llega cuando se lo necesita. Representa una fuerza.

Aquel que valora el dinero puede dejarle la rienda suelta. Lo tiene atado con una cuerda larga, igual que un perro. Tanto más a gusto regresa hacia él, cuando lo necesita y lo llama.

A veces, el dinero se retira. Por ejemplo, las veces que desconsideramos un servicio producido para nosotros y ofrecido, a menudo con mucho amor, sobre todo por parte de nuestros padres. Si logramos apreciar su servicio, nos llega, así como a ellos, la recompensa que con este servicio se corresponde.

Esto es válido por todo lo demás. Cuando respetamos la prestación que otros producen para nosotros, a menudo sin retribución, llega para ellos y nosotros una recompensa. Ellos nos pagan nuestro respeto con más de su prestación, sin contar el esfuerzo. Sin nuestro aprecio, su prestación se demora.

Todo el dinero viene y se queda en este mundo. En el otro, más allá del nuestro, rige otra moneda. Sin embargo, el dinero tiene un efecto en aquel otro mundo, cuando lo podemos tomar y  luego dejar de buena manera. Tiene permiso, al acabar nuestro tiempo aquí, para quedarse. Ha cumplido con su servicio.

La pregunta surge ¿para qué o para quién se queda? ¿Aquel que después de nosotros lo recibe tendrá la fuerza de conservarlo? ¿Se transformará en salario para una prestación o se volverá una carga que aplasta en lugar de brindar algo?

¿Qué resulta de estas reflexiones? El dinero se comporta como un mensajero mandado desde otra parte. Quiere que lo adquiramos para producir algo con él y luego que lo dejemos, cuando nos toque. Oímos el mensaje transmitido por este recadero y respetamos cuidadosamente lo que, estando al servicio de su señor, él nos exige, sea lo que sea. No podemos y no tenemos permiso para escoger.

Despedir

Despedimos a un colaborador cuando su rendimiento flaquea. Y a la vez, lo aliviamos de una preocupación, la de ponerle en situación de deuda,  lo cual va más allá de la relación de trabajo. Si no, los papeles se ven invertidos. Él exige en vez de dar, y nosotros damos en lugar de exigir.

Aquí se trata de fijar los límites, para él y para nosotros. Aquel que demanda, tiene que dar también. Aquel que da, puede y debe demandar lo conveniente.

¿Cuál es el proceso interno al que se llega? Desde un principio, ambas partes tienen que saber que se trata de una relación de igual a igual, de dos partes autónomas entre sí, en la que no se instalan expectativas secretas ni se producen prestaciones que van más allá de esta relación. Si el colaborador se comporta como si tuviera derecho a recibir más de lo que produce, como por ejemplo a ser cuidado por nosotros como un niño en su familia, y si nosotros entramos en ello, los papeles se ven invertidos.

A la inversa, no puedo esperar más de él que lo que el designio, al servicio del que me encuentro, exige. Yo me encuentro tomado al servicio de un designio, aquí también de igual a igual. Sirvo el designio y el colaborador me sirve, en la medida de la prestación realizada. Si mengua mi prestación, mengua el designio. Si se evidencia el desinterés del colaborador por mí y los demás, mi interés y esfuerzo por él  también se reducen. Entonces, lo despido y lo reemplazo por otro.
En ambos casos, se trata de la prestación que sirve un propósito que sobrepasa el nivel de lo personal. Al fin y al cabo, la prestación sirve el avance y es medida por él. Cuando dejamos de servirlo, él nos deja. El resultado es lo determinante, aquí también.

Nos despedimos a nosotros también, cuando nuestro servicio no se corresponde más con la meta. Nos retiramos y dejamos el sitio a otros.

Nos podemos preguntar si estamos implicados con amor en la meta, y si nos alegramos cuando resulta. ¿Conserva ella la prioridad o se ve retrocedida a un rango secundario, reduciéndose en lugar de crecer? Cuando la meta es amenazada de abandono por nosotros, el orden se restablece en cuanto vuelve a encontrar su sitio de prioridad. La servimos, y ella nos sirve mientras la seguimos sirviendo.

Entonces, podemos quedarnos, tal como otros. ¿De qué manera? Provisionalmente, mientras tengamos cuidado y nuestra prestación crezca en vez de disminuir. Así se mantiene también la vida, hasta que su prestación flaquee y que al final nos despida.. 

Dia: jueves 17 de mayo de 2012

Hora: 6 pm a 9 pm

Inversion: Bs. 190,oo

Lugar: Centro Acitmar.

Inscripciones: 0282-424.31.79, 0416-682.30.69

Hojas de otoño... la inocencia

Y llegó el otoño con sus colores ocres, entre dorados y rojos..
con su tristeza larga, como dice la canción de mi querido viejo...

Algo llega a su fin  y cae por su propio peso. Muchas hojas al caer, dejan su historia, y un día escuche a una de ellas contar la suya... dejé que me hablara...

Decía que fue bonito  cuando todo lo verde estaba junto a ella,  no era la primera,  ya lo sabía,  las grandes contaban la historia, sobre todo aquellas que ya estaban como hoy ella se encuentra...

Cuando todo estaba verde, sus hermanas y ella soñaban, conversaban sobre lo que harían cuando pudieran saltar hasta el suelo. Disfrutaban del viento que pasaba dejándoles saludos, sonreían al sol en la mañana, y en la noche hacían lo que todas las hojas hacían. Cuchicheaban, se contaban lo que las vecinas hacían, veían algunas volar en los atardeceres.

Los sueños de las grandes, era que un gran viento pasara y volarían a diferentes lugares, y así era, solo tenían que esperar el atardecer y se las llevaba. Pensaban ir a París, visitar la torre Eifel,  eso lo escucharon de una mujer que un día se sentó a la sombra de su árbol. Esa mujer soñaba amaneceres, llegaba muy temprano a leer su libro, y hablaba en voz alta, como si supiera que  ellas la estaban escuchando.

Así aprendió sobre el amor, sobre versos de Neruda, sobre el sentido de la vida con Vicktor Frank, en fin...

Ahora  cuando sus colores cambiaron y ha pasado el tiempo, ella sabe que ya llega la hora de realizar sus sueños, pronto será libre,  pronto caerá, algunas que se han quedado abajo le dicen que no sueñe tanto, que  cando caiga morirá lentamente como ellas, que no existe la inmortalidad de los cuentos...

La Sra. llegó como todos los días, muy temprano, abrió su libro y se sentó a leer, ésta vez leía  una novela... ni siquiera lo sintió, de pronto se encontró volando por los aires, todas movieron sus cuerpos para despedirla, lo que no se esperaba es que cayó sobre el libro. La Sra, la tomo muy suavemente, y la guardó protegida dentro de él. 

Cuenta la leyenda, que la hoja ha viajado por todo el  mundo.  La Sra, la hizo preservar como marcador de sus libros. Otro día le preguntaré que fué lo que conoció, tal vez nos hable de la Torre Eifel 

martes, 10 de abril de 2012

El poder de una vida sencilla II


En cuanto miro lo que significa la vida sencilla, muchos me han dicho que es simplona, tal vez y ...sea simplona, pero son significados diferentes. 

En otros post converso sobre el poder infinito de la palabra, que siempre se interpreta a juicio del propio observador, y que cada calificación tiene que ver con quien califica, pero ese no es el tema.

El tema es que ir hacia una vida sencilla, incluye la sal de la vida. Y es que justamente eso se perdió. Hacemos y hacemos cosas y no hay satisfacción más que el logro, o el dinero, o el reconocimiento que es el fin último de esta vida nueva alocada que llevamos.

Empujamos metas porque se nos exige el éxito, fechas límite de entrega, fechas tope para cubrir los numeritos de la empresa, a veces hasta dejamos el sueldo para poder llegar a la meta invirtiendo lo que ganamos para cubrirla… lo he visto mucho… yo misma lo hice, y como dice Robert Kiyosaki:
“Entramos en la carrera de ratas”, persiguiendo un queso que no alcanzamos, porque siempre habrá más metas, más exigencias y autoexigencias, pero estamos perdiendo los estados internos, ni siquiera sabemos como nos vamos sintiendo, o cómo se sienten los que están a nuestro lado con lo que hacemos.. la voz de nuestro niño/a interior grita que paremos pero no podemos hacerlo, nos detiene El Éxito!...

El tema que hoy me ocupa el tejido es la focalización de la atención. Tejer no es tan sencillo como parece, exige una ausencia de pensamientos porque hay que contar los puntos, y llevar la idea del gráfico o mapa que seguimos para lograr que salga la pieza de arquitectura. No siempre nos queda hermosa, y casi siempre hay un punto al revés. Allí notamos que algo estábamos pensando al momento de pasar por ese punto.

Focalizar la atención esta compuesta de varias cosas: foco en lo que quiero lograr, estado interno asociado al tema, mapa de ruta, pero sobre todo “querer” . 

Hay que querer y amar lo que hacemos, tiene que gustarnos, es un imperativo categórico que nos vayamos sintiendo felices con lo que estamos haciendo, pues el estrés que genera la tarea de por si, se alimenta de un quimio receptor que es la adrenalina en primera instancia, y el que nos guste lo que hacemos, se alimenta de las endorfinas en segundo plano, y son tan poderosas como la primera, aunque la diferencia radica en que la primera puede hacer que logremos la tarea, y al final estamos cansados y a nuestro alrededor nadie disfruta nuestro éxito, pero el caso de la segunda, no solo nosotros disfrutamos de la tarea, los que están alrededor nuestro también lo sienten, también lo disfrutan… una pequeña diferencia!

El trastorno de déficit de atención, no solo lo sufren los niños, los adultos también lo sufrimos, nos genera estres, y falta de foco en lo que hacemos:

“La capacidad de atención o concentración esta estrechamente relacionada con el estrés y la empatía hacia lo que se hace. Es fácil ver psicólogos decir que tal niño o niña tiene déficit de atención y no lo han visto jugando con la consola horas y horas sin pestañear.” 

Aquí se encuentra la diferencia en el foco o en la focalización de la atención. 

¿Qué hacer entonces?

Como bien dice uno de los postulados de la PNL: “dividimos en partes más pequeñas” esos grandes objetivos, con la intención de ir evaluando si nos conviene, y la medida no esta en cuanto dinero estoy obteniendo, sino en cuánta satisfacción mía y la de los que a mi lado se encuentran vamos sintiendo, la alegría y el placer de hacerlo solo por el hecho de sentirme bien, alegrarme por lo que hago, y que bueno que además me pagan por hacerlo…

Fácil no?...

Foco… que para tejer hay que contar uno a un los puntos…
Hasta el próximo tejido…

Zhar Marrero S.
Psic. Doc. Especialidad en Pedagogía de la Paz 
y Pedagogía Sistémica. Formadora en Constelaciones Familiares
PNL y talleres de crecimiento personal
email: promoviendo.vida@gmail.com

El Viaje del Hèroe dentro de nosotros

Tomado desde la web... El viaje del Héroe , conocido como monomito, es un esquema narrativo ideado por Joseph Campbell (1904-1987), un profe...